sábado, 18 de junio de 2011
viernes, 17 de junio de 2011
Real life
Primera duda: El presupuesto
Una, claramente, se dirige al albañil:
- Quiero arreglar los revoques del galponcito y poner las baldosas en el patio. ¿Cuánto me va a cobrar?
¿Recibe a cambio una respuesta clara y concisa? No, señor. Primero recorrerá el patio, midiendo a los trancos, después se rascará la cabeza, dará otra vuelta, mirará las paredes del galponcito dando golpecitos con el puño, se volverá a rascar y dirá:
- Yyyyyyyyyyyyyy ...... ¡qué le voy a cobrar!
Ahora, si no saben ellos cuánto nos van a cobrar, cómo carajo pretenden que lo sepa yo.
- No sé, por eso le pregunto: ¿cuánto me va a cobrar?
Repite el ritual del recorrido, la rascada y los golpecitos, agrega una mirada al horizonte con los ojos entrecerrados y larga:
- ¿Le parece bien cinco mil?
Si vamos al caso, a mi me parecería mucho mejor que no me cobrara. Digo yo, ¿cómo calculan los presupuestos? ¿Por la cara del cliente?
Segunda duda: el tiempo
Si Dios tardó siete días en crear el mundo, ¿cuánto puede tardar un tipo en pegar unas baldosas? El día que lo contrataste juró que en diez días estaba liquidado, pero pasaron quince y no va ni por la mitad. Yo creo que la pauta te la da el día que lo llamás para el presupuesto; si te dice "mañana estoy por allá" y aparece a los 5 días ... calculemos entonces .... el día del albañil tiene 120 horas.
Tercera duda: la compra de los materiales
- Señora, voy a necesitar 1000 de arena y 5 de cal.
Salgo raudamente hacia el corralón; vuelvo a casa feliz con la satisfacción de la tarea cumplida. Entonces él dirá, así, libre de culpa y cargo:
- Ah, y una de cemento.
Salgo otra vez rumbo al corralón, donde me miran con cara de "mina tenías que ser". Vuelvo. Me siento a tomar unos mates y lo escucho al muy cretino que, cobardemente, me grita desde el patio:
- ¿Me trajo la pastina?
- No me pediste pastina.
- Ah, ¿no? Pucha, me olvidé. Voy a necesitar pastina.
- Bueno, bancame un ratito que ahora voy.
- Lo que pasa, doña, es que después no se la van a traer y no voy a poder seguir trabajando, vio.
Pero ¿qué le pasa a la gente del gremio de la construcción? ¿Tienen algún problema de organización?
Cuarta y última duda: Dificultad
¿Será muy complicado pegar baldosas? Porque antes de volver a lidiar con el albañil, la próxima las pego yo.
miércoles, 15 de junio de 2011
Pensamiento femenino III: La primera cita
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¿Qué piensan ellos? Dany nos devela el misterio acá.
jueves, 9 de junio de 2011
Abandono
Era verano.
Pusiste mucho cuidado en no olvidarte nada; revisaste varias veces los cajones, el botiquín del baño, la alacena. No quedó ni tu ropa, ni tus zapatos, ni tus libros, ni siquiera tu olor.
Después de algunos días y sin que lo buscara, lo encontré en un rincón del dormitorio acurrucado: habías dejado tu amor abandonado.
Para serte sincera me conmovió el pobrecito. Lo alimenté con un par de recuerdos que tenía almacenados y lo dejé dormir en el hueco que habías dejado en la almohada. Algunas noches me hacía compañía mientras escuchábamos tu música favorita.
Un par de veces pensé en llamarte para que vinieras a buscarlo.
En serio ... lo lamento, creeme.
Pero llegaste tarde.
Se murió de frío cuando llegó el invierno.
martes, 7 de junio de 2011
Amores de morondanga VI
viernes, 3 de junio de 2011
Puntual
Cuando se despertó, él ya se había ido. Se sintió aliviada. Una noche de pasión con un desconocido podía ser una gran aventura, pero compartir el desayuno era un distinto. Para llenar los silencios que surgían entre los sorbos de café se hacían preguntas protocolares, incómodas e irrelevantes: edad, trabajo, estudios. Recurría a motes tiernos para no poner en evidencia el olvido del nombre. Para evitar confusiones, a todos les decía gordi. No faltaban los que confundían ese gesto con una muestra de cariño e intentaban quedarse a almorzar. Confiados en sus dotes de amantes, otros pretendían extender la noche hasta la hora de la siesta. Pero cuando el reloj marcaba las diez de la mañana, ella mencionaba una cita ineludible o cualquier otra excusa perfecta y se quedaba sola, cambiando las sábanas y borrando todas las huellas nocturnas.
Y a las doce, puntual como siempre, entraba en la clínica donde estaba internado su marido.
domingo, 29 de mayo de 2011
El hombre gris
Juan García nunca se vestía con colores estridentes, cuidaba su peso – ni gordo ni flaco -, medía las palabras para que no resultaran agresivas o pretenciosas, ni siquiera chistosas. Nunca levantaba el tono de voz. Llegaba a tiempo a su trabajo en el bar y atendía a los clientes con diligencia pero sin excederse en amabilidades. Escuchaba las confesiones de los borrachos, que no tenían reparo en mostrar sus miserias frente a ese hombre que mañana olvidarían, su boca jamás mencionó el nombre de aquellas damas que esperaban en el reservado a sus amantes, ni sus ojos se posaban en los sobres cerrados que circulaban por las mesas de los hombres de negocio.
Ciego, sordo y mudo a cambio de un sueldo miserable y escasas propinas.
Sólo el retiro que planificó durante años lo alentaba a perfeccionar el arte de pasar desapercibido, mientras anotaba el pedido y otros datos en una libretita gris.