De mi madre heredé el hábito de la lectura; de mi padre, el de contar cuentos. Lo que relato a continuación es real, o al menos eso me hizo creer papá.
Después de trabajar durante algún tiempo en aquella estancia, los patrones lo invitaron a la casa grande. Se presentó temprano y con la ropa de domingo, pero no pudo evitar sentirse sapo de otro pozo. Contestó las preguntas amables de la señora con monosílabos tímidos.
Entonces vio la cuna, llena de moños y muñecos rosados, y se acercó. Dormía en ella una criaturita realmente fea. Don Pozatti sonrió, le hizo un par de morisquetas para agraciarse con la patrona y quiso decir algo agradable, adecuado, que cortara ese silencio incómodo que reinaba en el comedor. Entonces preguntó:
Es como el cristal la risa loca de July, es como el cantar de un manantial.
No entiendo lo que me dice ninguno de los señores que vienen a vernos, pero me río. Ellos se ríen, yo me río. Llegué de Polonia hace tres meses; un primo de mi padre me mandó a buscar para trabajar de cocinera en una casa de campo.
Cocinera. No entiendo. Se ríen, me río …. para no llorar a gritos.
Turba mi soñar el dulce hechizo de Peggy, su mirar azul hondo como el mar.
¿Diez? ¿Doce? ¿Cuántos van? ¿Cuántos faltan? No tengo que pensar, no puedo pensar, tengo que seguir. Perder la mirada en cualquier punto de su cara y seguir sin pensar.
Rubio cocktail que emborracha, así es Mary. Tu melena que es de plata quiero para mí.
Cuando llegué, me fui al campo con mis primos. Trabajábamos de sol a sol en el campo por tres años. - ¿De qué se quejan, rusitos desteñidos? Si vinieron muertos de hambre – nos decían. Por eso me vine para Buenos Aires y me corté las trenzas. Por lo menos acá algunos me tratan bien.
Si el amor que me ofrecías sólo dura un breve día, tiene el fuego de una brasa tu pasión, Betty.
Te acostumbrás. A todo se acostumbra una. Si pude soporté dejar a mis hijos en Entre Ríos con mi tía, bien puedo soportar a estos hombres y hasta fingir que me gustan. Cuando pienso que gracias a ellos puedo mandar todos los meses un sobre para que coman y vayan a la escuela, se hace mucho más fácil.
Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior. Cátulo - Carmina LXXXV
Se mordió la punta de los dedos mil veces para no marcar su número (¿sabía marcar otro número que no sea el suyo?). Se mordió la lengua para no llamarlo y decirle que nadie jamás la había hecho sufrir tanto, que rogaba todas las noches que esa mujer lo abandonara para verlo llorar como estaba llorando ella, que era un mentiroso, un mal bicho, una porquería, que le había hecho un favor al irse, que ella era demasiado mina para él, que siempre fue un pobre pelotudo.
Se mordió la punta de los dedos y la punta de la lengua, para no decirle que todavía lo amaba.
Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas. Herman Hesse - El lobo estepario
Se despertó antes de que sonara la alarma del despertador. Aunque era domingo, decidió levantarse de la cama para disfrutar de su día de descanso. Puso música alta, para escucharla mientras se duchaba. Beatriz se hubiera quejado, pero Beatriz ya no estaba. Cantó a viva voz, sabiendo que nadie lo mandaría a callar. Llevó el desayuno a la cama y no se preocupó por las miguitas que se esparcieron sobre las sábanas. Desarmó el diario por secciones y leyó la de policiales en el baño con la puerta abierta de par en par. Fue al supermercado y llenó el changuito de vino, cerveza, maníes, palitos salados, fiambre, pan y mayonesa. A último momento se acordó del café. Cuando volvió al departamento se preparó un sandwich y abrió una botella de vino. Demasiado temprano, hubiera dicho Beatriz. Pero, se repitió, ella no estaba. Cuando terminó el vino, empezó con la cerveza. Se sentó en su sillón favorito (para ser sincero, el único que Beatriz le había dejado) y blandiendo el control remoto como un rey blande su espada, hizo un recorrido por todos los canales de deportes disponibles hasta quedarse dormido Abrió los ojos cuando ya estaba oscureciendo. Pensó que podría ducharse y salir a caminar o irse a la cama. La decisión era totalmente suya, porque era un hombre libre. Solo y libre. Irremediablemente libre.
Ya fue publicado en Barra Libre ---------------------------------------------------
El sonido del teléfono la interrumpió mientras preparaba la cena.
- Buenas tardes. Te habla Gabriel. - Discúlpeme, no conozco a ningún Gabriel - Soy el ángel del Señor. - ¿Qué señor? - Tu padre. - Ah, es un enfermero del geriátrico. Me hubiera dicho antes. - No, no. De tu Padre Celestial. De tu Dios. - En este momento no puedo atenderlo. Estoy cocinando.
Cortó sorprendida. Estaba acostumbrada a que los Testigos de Jehová golpearan su puerta, pero era la primera vez que la llamaban por teléfono. En seguida, el teléfono vuelve a sonar.
- No cortes, María. Tengo un mensaje importante para vos. El Señor te ha elegido. - No me interesa.
Volvió a cortar. Elegida, ja. A mamá mona con bananas verdes. Seguro era una promoción telefónica, de esas que te enganchan con el cuento de un premio. ¿Qué venderían? ¿Biblias? El teléfono siguió insistiendo durante un rato, hasta que no le quedó más remedio que atender. Esta vez sonó una voz grave, amedrentadora.
- María, te prohíbo que vuelvas a cortar. Si lo haces, conocerás mi ira. - Mire, señor, me va bajando el tonito que a mí nadie me prohíbe nada. Ya le dije clarito a su empleado, se lo digo a usted y se lo digo al dueño de la empresa de cuarta donde trabaja, si es necesario. No sé para qué me eligieron, pero no lo quiero. ¿Si? ¿Fui clara? Y manténgame desocupada la línea que me está por llamar mi hermana para pasarme los números ganadores de la quiniela.
Gabriel y el Señor se miraron desesperanzados.
- Vamos a tener que esperar otro par de milenios, Gabito. Parece que todavía no están preparados. - No hay nada que hacer, Señor. Creyentes eran los de antes.
Y realmente quiero que te rías y que digas que es un juego no más.
Eiti Leda
No sé quién es el que asigna los roles en este juego, pero no quiero ser policía. ¿Por qué no puedo ser ladrona o pirata, eh?No, no … ya sé … ¡quiero ser espía! Seducir a los de un bando y venderle los secretos a los del otro. Hermosa, irresistible, intrigante, misteriosa, inconmovible.
¿De qué te reís, nene? Vos querés ser el muchachito seductor que asusta a los malos con una pistola de plástico y yo no me río, pavote.
¡Mirá que si te seguís riendo le digo a mi hermano que mide dos metros!
Bueno, está bien. Si vos guardás la pistola, yo guardo el disfraz de Mata Hari, si?