Menos mal que me dijo que sí. Tenía miedo que creyera que era una histérica y no quisiera verme.
¿Me pongo el conjunto rojo con portaligas? ¿Dará muy trola? Mejor el blanco. No. Demasiado naif. Negro, y que se trasluzca un poco con la camisa. Eso; una mezcla de mina seria con trola.
A ver ... la casa en orden ... bebida en la heladera ... el sushi en camino. Espero que no le joda, pero no me iba a poner a cocinar y a llenarme de olor.
Una cagada el sushi, no pienso probar. Lo elegí a propósito para no tentarme y comer como loca. Después me hincho y me tengo que desprender el botón. Espero que a él le guste.
¿Qué hora es? Uy, debe estar por llegar. Mejor abro el vino para esperarlo. Una copita.
Cómo tarda. Me sirvo otra y lo cierro.
Timbre!!! Ahí está. Ah, no. Es el del sushi.
Bueno. ¿Sake? ¿A ver qué onda? Mmmmm ... fuerte.
Timbre!!! Si, es él. Mierda, estoy mareada. Uf, qué lindo está.
- Pasá, si, ponete cómodo. ¿Te gusta el sushi? (¿te gusta el pescado crudo, gatito? jeje). ¿Trajiste vino? Qué rico. Lo guardamos para la cena. Mientras tanto ¿un fernet?
Dios, estoy borracha. Si me quedo callada se va a notar. Mejor pongo un poco de música. ¡¿Quién carajo habrá dejado acá este CD de Deep Purple?! ¿Se mueve él o me estoy moviendo yo? ¿Qué hace? Noooo, al baño no que está mojado el pi .........
¿Donde habré metido el número de emergencias médicas?
Lo que pasaba en ese momento por la cabeza de él, te lo cuenta Dany.
lunes, 29 de agosto de 2011
lunes, 15 de agosto de 2011
Lunes otra vez
Se quedó dormido, como todos los lunes.
Se duchó a las corridas y antes de salir para la oficina abrió la puerta de la heladera con la esperanza de encontrar algo para desayunar.
Nada, salvo esa botellita de yogurt insípido que había dejado Marcela.
Para el tránsito lento, le había dicho.
Nunca entendió esa manía de buscarle nombres más lindos o políticamente correctos a las cosas. Estreñida. Marcela era estreñida. Pero no era momento para ponerse a filosofar acerca de la nomenclatura de las personas con capacidades intestinales diferentes. Era tarde. Tomó el yogurt en la calle, mientras paraba a un taxi.
A los 15 minutos el traqueteo del auto era insoportable. Un sudor frío recorría su frente. El taxista se empeñaba en hablar pero él no podía concentrarse en otro sonido que no fuera el que salía de su cuerpo.
El jefe lo esperaba, sentado en su escritorio.
- Llegás tarde otra vez, Rodriguez. Tenemos que hablar.
Entonces supo que ese iba a ser un lunes de mierda.
Se duchó a las corridas y antes de salir para la oficina abrió la puerta de la heladera con la esperanza de encontrar algo para desayunar.
Nada, salvo esa botellita de yogurt insípido que había dejado Marcela.
Para el tránsito lento, le había dicho.
Nunca entendió esa manía de buscarle nombres más lindos o políticamente correctos a las cosas. Estreñida. Marcela era estreñida. Pero no era momento para ponerse a filosofar acerca de la nomenclatura de las personas con capacidades intestinales diferentes. Era tarde. Tomó el yogurt en la calle, mientras paraba a un taxi.
A los 15 minutos el traqueteo del auto era insoportable. Un sudor frío recorría su frente. El taxista se empeñaba en hablar pero él no podía concentrarse en otro sonido que no fuera el que salía de su cuerpo.
El jefe lo esperaba, sentado en su escritorio.
- Llegás tarde otra vez, Rodriguez. Tenemos que hablar.
Entonces supo que ese iba a ser un lunes de mierda.
jueves, 11 de agosto de 2011
Dios en Barra Libre
martes, 9 de agosto de 2011
Amores de morondanga VII
Después de 20 años de cortarse los dedos con los hilos que trenzaba durante el día, Penélope decidió aquella noche tejer el punto final.
jueves, 4 de agosto de 2011
Noche de ronda (replay)
Me maquillo, me rizo el pelo, me pongo aquel vestido que hace siglos tengo guardado para las ocasiones especiales que nunca llegan, me subo a los tacos agujas. Me dirijo a aquel bar, me siento en la barra, me invento un nombre, una dirección, una edad, una historia. Te escucho con atención, finjo creer tu historia, pongo cara de asombro y te cuento mi cuento, seria y convincente. Bailamos, bebemos, tocamos, besamos, amamos por un rato, intercambiamos nuestros falsos teléfonos y la promesa falsa de volvernos a ver.
Y huimos, antes que la carroza se vuelva calabaza.
Y huimos, antes que la carroza se vuelva calabaza.
domingo, 31 de julio de 2011
Naranjo en flor
Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...
Lo plantaron en el patio de aquella casa en mayo. Los primeros meses lo protegieron de las heladas, controlaban que las plagas no lo atacaran y le pusieron un tutor para ayudarlo a crecer. A pesar de haber sufrido el transplante hizo su mayor esfuerzo para florecer esa primavera, en agradecimiento a tantos cuidados.
- El de Martita creció más, che. Tiene flores más perfumadas, además.
Cuando pudo lucir sus primeros frutos se sintió orgulloso de su color y su pequeña pero casi perfecta redondez.
- ¡Qué chiquitos son! ¿Le habremos puesto poco abono? El de Paulita de naranjas mucho más grandes.
Al año siguiente redobló su esfuerzo y duplicó la cantidad y el tamaño de la fruta.
- Pucha, cuántas semillas. Tendríamos que haber plantado un naranjo de ombligo, como Liliana.
Tratando de colmar las expectativas de sus dueños, la temporada que siguió logró reducir la cantidad de semillas.
- Un poco amargo el jugo, no?
Después de algunos meses y haciendo uso de toda su energía, las naranjas eran tan grandes que se caían de las ramas y por su perfume se podía adivinar la dulzura de su pulpa.
- ¡Qué porquería! Se va a llenar todo de moscas.
Al día de la fecha, los dueños de aquella casa no se explican cómo fue que aquel naranjo que tanto cuidaron comenzó a dar limones.
- El de Martita creció más, che. Tiene flores más perfumadas, además.
Cuando pudo lucir sus primeros frutos se sintió orgulloso de su color y su pequeña pero casi perfecta redondez.
- ¡Qué chiquitos son! ¿Le habremos puesto poco abono? El de Paulita de naranjas mucho más grandes.
Al año siguiente redobló su esfuerzo y duplicó la cantidad y el tamaño de la fruta.
- Pucha, cuántas semillas. Tendríamos que haber plantado un naranjo de ombligo, como Liliana.
Tratando de colmar las expectativas de sus dueños, la temporada que siguió logró reducir la cantidad de semillas.
- Un poco amargo el jugo, no?
Después de algunos meses y haciendo uso de toda su energía, las naranjas eran tan grandes que se caían de las ramas y por su perfume se podía adivinar la dulzura de su pulpa.
- ¡Qué porquería! Se va a llenar todo de moscas.
Al día de la fecha, los dueños de aquella casa no se explican cómo fue que aquel naranjo que tanto cuidaron comenzó a dar limones.
viernes, 15 de julio de 2011
Vuelvo en 15

Vacaciones de invierno.
Musas en receso.
Hijos aburridos.
Sin notebook gracias a los ladrones.
Laburo duplicado para recuperar los archivos que había en la notebook que se robaron los ladrones.
¿Qué más puedo agregar?
Vuelvo en 15 días.
Musas en receso.
Hijos aburridos.
Sin notebook gracias a los ladrones.
Laburo duplicado para recuperar los archivos que había en la notebook que se robaron los ladrones.
¿Qué más puedo agregar?
Vuelvo en 15 días.
Nota:
La foto es meramente ilustrativa. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
La foto es meramente ilustrativa. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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